Gustavo Molina de la Rosa: Una historia de fe

Gustavo Molina de la Rosa: Una historia de fe

A sus 45 años ha tenido que afrontar grandes retos, no solo por ser una persona con Asperger, sino también porque la estructura educativa y la sociedad misma no estaba preparada para ofrecer las condiciones y oportunidades que necesitaba, Gustavo Molina de la Rosa nos comparte su historia de fe que hoy le da la oportunidad de ser docente universitario y hablar 3 idiomas incluido el zapoteco.

Una condición que enfrentó con entereza

Gustavo Molina desde muy temprana edad vio como el sistema educativo público no tenía las alternativas, ni los docentes preparados para garantizar su acceso a la educación, por ello tuvo que cursar la secundaria y la preparatoria en línea, luego de hacer una primaria algo difícil en donde reprobó 3 veces el tercer grado.

“La universidad  también la tuve que cursar en ese sistema abierto, estudié Comercio Internacional y actualmente estoy estudiando mi segunda carrera en línea en la Ciudad de México, pedagogía que concluyó en diciembre de este año, ahorita estoy sorprendido por el apoyo que he recibido, ya que tengo un promedio general de 9.8 de calificación”, explicó Gustavo Molina.

A pesar de ser egresado del Instituto Politécnico de la Ciudad de México, prefirió estudiar una segunda carrera porque es en la enseñanza donde ha encontrado su vocación.

“Esta segunda carrera me ha permitido conocer las herramientas pedagógicas para realmente trabajar la educación inclusiva”, compartió.

Esta preparación y su experiencia en el campo de la docencia ya que es catedrático en la Universidad Tecnológica Tamaulipas UTT ubicada en Reynosa, Tamaulipas, lo llevó a representar en febrero -2019- al Estado Congreso Internacional de Pedagogía en la Habana, Cuba, donde presentó una ponencia que tuvo muy buena aceptación.

“Los retos de las reformas educativas frente a la inclusión, y es que precisamente en México las reformas no contemplan las estrategias docentes para atender a un estudiante con un síndrome, ni con una necesidad especial”, expresó.

El también director de educación Inclusiva del Centro de Atención Psicopedagógico en el Tratamiento de Autismo,  CAPTA, comenta que los docentes no han recibido la preparación para atender este tipo de situaciones.

“En Cuba, a mí me preguntaban qué está pasando con México, desafortunadamente las reformas que desde el principio se han hecho no ven la inclusión como un factor importante, lo que nos ha dejado bastante rezagados en esta realidad que vivimos muchas personas”, expresó.

Esta experiencia lo ha llevado a proponer en la más alta tribuna del estado, que Tamaulipas firme un convenio de colaboración con Cuba, en materia de educación inclusiva.

Atención real y oportuna

Sin duda para Gustavo Molina como para muchas personas el diagnóstico oportuno y asertivo, así como la debida atención y canalización, marca la gran diferencia en su vida.

Su madre fue pieza fundamental para él tener una serie de oportunidades y apoyos que contribuyeron en su formación, por ello destaca la gran importancia que tiene los padres de familia para cualquier niño que presente una situación.

“Lo primero es la negación, que muchos padres no aceptan que sus hijos requieren de alguna atención específica, segundo los malos diagnósticos por profesionales que no tratan la situación como es debida y tercero la falta de estructura en el sistema educativo y social para integrar e incluirlo, todo esto es fundamental para que pueda haber un desarrollo”, expresó Gustavo Molina.

De esta forma hace un llamado a los padres para que tengan fe en sus hijos para que crean en ellos y todas las cosas que pueden lograr.

“No los quieran tener en una burbuja, como decía Paulo Freire, dejen que el niño sea niño”, expresó.

Los números y la estructura

Mientras que en el sector público no hay ese avance en la educación inclusiva, el sector educativo privado si ha hecho esfuerzos por trabajar en ofrecer opciones para los niños que tienen autismo, asperger, síndrome down y otras situaciones.

Así como las escuelas del sector privado han abierto estas opciones, existen instituciones como el Centro CAPTA donde se les da la atención integral que requieren para poder avanzar en la inclusión en su entorno social y muchas veces en el familiar.

Actualmente en Reynosa -por ejemplo- hay  un neurólogo para 18 escuelas y un trabajador o trabajadora social para 16 escuelas, no hay manera de que se pueda detectar y atender de manera eficiente la situación de los niños con situaciones especiales.

En Cuba por el contrario tienen 3 docentes especialistas, 3 psicopedagogos, 3 fisioterapeutas y personal de apoyo por escuela, para atender a los niños con autismo, además ya cuenta el Ministerio de Educación con un estudio de cuáles son las situaciones que con mayor frecuencia afecta a los menores, pero en México no lo existe, no estamos preparados y lo peor no hay presupuesto para la investigación.

En México solo el 0.6% son escuelas especiales o escuelas integradoras, por lo que no hay centros educativos para atender a más niños, “hay un estudio que estima que para el 2020 habrá 8 millones de niños con este tipo de características y lo preocupante es que no hay maestros preparados para atenderlos en nivel básico, nivel medio y nivel superior”.

En general estamos hablando de un rezago educativo, que podría mejorar si las escuelas se acercaran a los centros de atención o si el sistema educativo tomara a la educación inclusiva como algo preponderante en su estructura.

Por último Gustavo Molina destaca que tiene una invitación para asistir y tomar una maestría en educación inclusiva en Cuba y continuar aprendiendo y compartiendo su experiencia y conocimientos, pero requiere de apoyos que no existen desafortunadamente.

Por Nannette Sedas del Ángel
n.sedas@somostamaulipas.com

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