Historias y Leyendas: Fundación de Nuevo Laredo

Historias y Leyendas: Fundación de Nuevo Laredo

El pueblo y Gobierno de Nuevo Laredo se reúne una vez más con litúrgico sentido cívico a conmemorar y recordar la epopeya y tradición cívica de la fundación de nuestra ciudad, cuando aquellos hombres y mujeres en un gesto de patriotismo cruzaron el río para fundar Nuevo Laredo.

Hablamos de epopeya porque es una acción de importancia histórica realizada con gran esfuerzo y dificultades. Y tradición cívica, en el sentido de relato que expresa de manera simbólica la actitud de un grupo social frente al mundo.

La historia nos remite a aquel año de 1848, año de la firma el Tratado de Guadalupe Hidalgo que puso fin a la guerra entre México y Estado Unidos, y estableció al río Bravo como límite divisorio entre ambas naciones. Con ello la antigua villa de San Agustín de Laredo, ubicada en la margen izquierda del Bravo, pasó a formar parte del territorio estadounidense. Ante tal circunstancia el entonces gobernador de Tamaulipas Francisco Vital Fernández firmó un decreto fechado el 15 de junio de 1848 donde informaba a Andrés Martínez, alcalde de San Agustín de Laredo, la pérdida de la citada villa y le instruía fundar un asentamiento en la margen derecha que debería llevar el nombre de Nuevo Laredo, en recuerdo de la población perdida.


Los pobladores al conocer las disposiciones del Tratado mostraron extrañeza e indignación al no querer convertirse en texanos y norteamericanos y ser como decían, “extranjeros en su propio país”. Pero a la extrañeza e indignación siguió una entereza y fuerte conciencia de mexicanidad. Uno de los testimonios de lo anterior lo aportó Juan E. Richer, quien en 1885 escribió:

Celebrada la paz, muchos de los habitantes del perdido Laredo, no queriendo hacerlo igualmente de su nacionalidad, formando parte de una nación, cuya raza, ideas, costumbres, idioma y religión eran diferentes a los suyos, cruzaron el río y se establecieron entre dos pequeños ranchos que existían en el mismo punto donde hoy se encuentra ubicada esta villa.

Otro testimonio anterior plasmado en documentos de 1849, indica que un grupo de laredenses (residente de Laredo, Texas) encabezados por Salvador Cuéllar y Andrés Martínez piden hacer una fundación en territorio nuevoleonés, manifestaron no querer ser extranjeros en su propio país ni “pasar por el inmenso sacrificio -decían- de renunciar a nuestra calidad de mexicanos como sucedería si continuamos viviendo en Laredo, cuyo punto pertenece a Estados Unidos. Queremos conservar el nombre de mexicanos ya que la desgracia de la guerra ha querido que perdamos el de laredenses y que abandonemos el suelo tal donde existen los restos de nuestros mayores”.

Estos testimonios son parte del terreno fértil donde se ha sembrado, desarrollado y reproducido nuestra tradición fundacional que sirve de sustento a Nuevo Laredo y que hoy celebramos. Dicha tradición destaca la idea de que los pobladores del San Agustín de Laredo al enterarse de la pérdida de su territorio deciden cruzar el río llevando consigo los restos de sus difuntos para que yacieran en suelo patrio. Obviamente aquellos laredenses y mexicanos que buscaron trasladarse a su país ignoraban el apotegma que luego Gabriel García Márquez expresó así: “Uno no es de ningún lugar hasta que o tenga un muerto bajo tierra”.

Una tradición entrañable, sublime y emblemática. Entrañable porque nos habla de nuestros padres fundadores. Sublime porque asienta el origen y la esencia de esta ciudad en nuestros antepasados. Y emblemática porque la llevamos inscrita en el acontecer de nuestra ciudad y fija y da esplendor a nuestro escudo de armas.

La historia, los testimonios y los documentos nos dan la razón de que la tradición fundacional de Nuevo Laredo no es una invención espúrea reñida con la verdad histórica, una leyenda urbana, una narración apócrifa, como lo han afirmado quienes no conocen el significado profundo de nuestra tradición. Antropólogos, sociólogos e historiadores ven en la historia de la fundación una fuente de riqueza extraordinaria.

Evoquemos, pues a las familias fundadoras de Nuevo Laredo. El gesto épico y su intención nacionalista soy hoy la quinta esencia de la identidad neolaredense. Han transcurrido 171 años de historia, con vicisitudes, dificultades y logros. Enfrentemos los retos del futuro con entereza y siendo fieles al proyecto de nuestros antepasados de estar “Siempre con la Patria”.

Por. Doctor Manuel Ceballos Ramírez
Cronista de Nuevo Laredo

Author

Related