Don Ponchito una vida dedicada al calzado típico

Originario de Tamazunchale, San Luis Potosí, pero con toda una vida en Tamaulipas, encontramos a Alfonso Jaimes Rosales, mejor conocido como “Don Ponchito”, en la colonia Nuevo Amanecer, un sector alejado a orillas de Ciudad Mante.

Con 83 años “Don Ponchito” se gana la vida elaborando de manera artesanal “huaraches” típicos, y aunque su producción es de 6 pares diarios, cuando es un buen día, la verdad es que poco se vende el producto, que tiene más demanda en los días de fiestas patronales y festejos patrios.

Una vida dedicada al calzado

Una casita de condiciones precarias y una máquina SINGER que el mismo “Don Ponchito” asegura debe tener casi 100 años, es el espacio donde este artesano elabora sus productos, apoyado por su esposa Gudelia Mata Ramírez.

“Esta máquina es más vieja que yo, y eso es decir mucho, ya debería estar en un museo, pero no me deja abajo”, confiesa “Don Ponchito” entre risas.

Con un carácter alegre y recibiendo a quien lo visita con un cálido abrazo, abrió las puertas de su casa a Somos Tamaulipas, donde además tiene su taller para elaborar el calzado que por décadas le ha dado el sostén diario.

En este momento “Don Ponchito” no recibe ayuda de ninguna autoridad o Asociación Civil y cada día acude a la plaza de ciudad Mante para vender sus “huaraches”, aunque la mayoría de las veces no tiene suerte y se llega a colocar un par, las personas le regatean los 100 pesos que cuestan.

De origen humilde

Alfonso Jaimes Rosales vivió sus primeros años muy cerca de los talleres de calzado trabajando desde los 12 años y con su espíritu inquieto buscando nuevas aventuras llegó a León donde trabajó en una fábrica por un par de años.

Pero la vida lo llevó a Ciudad Mante, localidad en donde fincó su vida y donde además de este oficio artesanal, fue conserje de la Escuela Secundaria Técnica No.7, aunque como él dice: “Solo me dijeron gracias, te vas a otra parte y ya, se acabó todo”.

“Fue una etapa muy bonita porque no tengo hijos, pero los muchachos me buscaban mucho, yo les daba de comer cuando los mandaban sin nada en la panza a la escuela, no por malos sus padres, sino porque no tenía y, pues yo tampoco, pero pedía fiado para que les dieran un plato de comida”, recordó “Don Ponchito”.

Los muchachos inquietos me contaban sus cosas e incluso cuando la orientadora no podía resolver un problema con un muchacho me hablaba a mí para que los viera y platicar con ellos, porque yo sabía por lo que estaban pasando.

El trabajo dignifica

Entre los olores de su estufa ecológica donde se cocía un jarro de frijoles, y el ruido de su máquina “Don Ponchito” recibió a una clienta, una maestra que tenía un baile de sus hijos esa tarde y quería dos pares de huaraches.

“Don Ponchito” un tanto indeciso, nos pregunta si podemos esperar para atender el pedido, a lo que accedimos con gusto.

Mientras elaboraba los dos pares de huaraches, trabajo que le tomó hora y media aproximadamente, nos cuenta que es muy triste que cada año ve como hay apoyos para otros artesanos y que para él no llegan, porque desgraciadamente no sabía cómo solicitarlos.

Yo siempre he trabajado muy derecho, hago mis huraches y los vendo, y el año pasado gracias al apoyo de unos artesanos amigos de aquí de Mante me pusieron en la lista de FONAR, como artesano para recibir apoyo de materiales.

“Lo que ahorita me faltan son ormas de todos los tamaños las que tengo ya no funcionan y aunque las he reparado, sí tengo la necesidad de conseguir otras, para poder seguir trabajando con mis huaraches”, dijo “Don Ponchito”.

Este artesano no usa lentes a pesar de su edad avanzada y efectua todo su trabajo en una mesa hecha de pedazos de madera.

“Don Ponchito” afirma que seguirá trabajando hasta que “Dios le preste vida”, con el mismo entusiasmo para que los niños y adultos disfruten de los “huaraches” que fabrica.

DATO

Punto de Venta

Plaza Principal de Ciudad Mante

De Jueves a Sábado de 8:00 a.m. a 1:00 p.m.

Por Nannette Sedas del Ángel
n.sedas@somostamaulipas.com

 

 

 

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