Con mucho amor y un poco de buen humor.

Con mucho amor y un poco de buen humor.

En Tamaulipas se venera el recuerdo de quienes han dejado el Mundo terrenal.

Surgida de una mezcla de culturas, por un lado la indígena, que celebra el retorno de las almas de los difuntos para convivir con ellos y probar la escencia de los alimentos brindados en ofrenda a ellos, y por el otro la española y sus rituales católicos, esta celebración se ajustó y adaptó al calendario cristiano, habiéndose decidido establecer su celebración en el Día de los Fieles Difuntos y el Día de Todos los Santos, que corresponde al 1 y 2 de noviembre de cada año, respectivamente.

De las prácticas de los templos indígenas y católicos, la tradición llegó a los hogares mexicanos, para luego ser adoptada por planteles escolares, vecinos e instituciones y organismos sociales y culturales, extendiéndose y enriqueciéndose tanto su práctica, que la UNESCO decidió declararle Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Está claro que el propósito del altar es el de rendir un homenaje a los seres queridos que ya fallecieron, por lo que en este altar se colocan cosas de los difuntos a recordar, y hasta se llega a buscar el modo de ayudarlos a cruzar el inframundo para llegar al descanso eterno, siendo todo esto motivado por los sentimientos más puros y más intensos del corazón, de lo cual no son ajenos los Tamaulipecos, quienes con mucho fervor y solemnidad, al llegar estas fechas, colocan sus altares en honor a quienes más tienen presentes en sus recuerdos.

Junto al Altar está siempre presente “La Catrina”, originalmente llamada “Calavera Garbancera”, creada por Juan José Posadas, quien buscó con ella burlarse de la gente humilde que quería ser de una clase social más alta y quería alternar con la gente rica, a pesar de ser despreciada. Posteriormente, el pintor muralista Diego Rivera la dotó de elegancia, como ahora la conocemos.

Respecto a la práctica de esta tradición en la región ribereña tamaulipeca, es de destacar que lo que más predomina entre los residentes de los municipios de Guerrero, Mier, Miguel Alemán, Camargo y Gustavo Díaz Ordaz, es la visita a los panteones, siendo particularmente las instituciones escolares acostumbran instalar altares.

Los Arreglos Florales.
En tal sentido, y tras entrevistar a comerciantes dedicados a vender arreglos florales en esta región, pudimos saber que dichos arreglos se usan preferentemente en panteones, no tan frecuente en los altares.

Los comerciantes dicen que los arreglos que se venden gran volumen en estas fechas, son las flores naturales, donde predominan las de cempasúchil, crisantemos y mano de león.

Con mucho celo guardaron el dato respecto a dónde consiguen ellos dichas flores, si son ellos los que las cultivan o si son intermediarios entre productores y consumidores y respecto a los precios, indicaron que estos son muy variables, pues en los mismos tienen que ver la prontitud con que ocupan el arreglo, la calidad, cantidad y complejidad del mismo, considerando si su diseño es muy común u ocupan un diseño muy original.

El Sector Educativo fomenta la tradición del altar de muertos.
En todo el Estado, particularmente en La Ribereña, desde las mismas escuelas los maestros tienen contemplado el fomentar entre sus alumnos la instalación de altares en estas fechas tan especiales, pues este ejercicio está contemplado dentro de sus programas de estudios, como parte del fomento de nuestra mexicanidad a través de la práctica de esta costumbre tan nuestra y tan de siempre, por lo que en esas fechas no resulta difícil encontrar en las escuelas, altares hechos de 2, 3 y hasta 7 niveles, con los cuales se representan, de acuerdo el caso al cielo, la tierra, el inframundo, la Santísima Trinidad, los 7 niveles que debe atravesar el alma para llegar al descanso o paz espiritual o los 7 pecados capitales, agregándose a lo anterior los elementos aromáticos que simbolizan la purificación del alma o diversas especies de hierbas de olor, que representan los frutos de la tierra, entre las que se encuentran el laurel, tomillo, mejorana, romero, manzanilla, el incienso y la resina de copal.

Finalmente, podemos concluir que esta práctica tan nuestra no está perdida y por el contrario, está más viva que nunca, siendo la misma tan conocida y ejercida por niños, jóvenes y adultos.

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