Víctor Fernando Hernández Montoya

Víctor Fernando Hernández Montoya

Talabartería tradicional, puro cuero

Víctor tenía 10 años la primera vez que se encontró con los cueros. “Fue amor al primer olor”, dice sonriente. Su padre lo había llevado a recoger unos zapatos con un talabartero local y nunca se desprendió de aquellos aromas a animal, a piel curtida, a trementina y a pegamento combinado con madera.

Poco tiempo después él mismo le pidió a su padre que lo llevara de nuevo con aquel maestro artesano, y así inició un largo aprendizaje gracias al cual ha podido crear llaveros, forrar ceniceros y plumas, armar sillas de montar completas, chaparreras y un sinnúmero de artículos de puro cuero. Una de las especialidades de Víctor es el trabajo del grabado de la piel, pues es capaz de realizar casi cualquier cosa que el cliente le pida, desde nombres, frases y animales, hasta escudos, sea en cintos, chalecos, vistas de sombreros, botas o en todo objeto que tenga como material exterior la piel.

Muchas de las piezas que elabora, como los forros personalizados para botellas y vasos tequileros, son famosos en la región, lo que le ha ganado recomendaciones entre los clientes, quienes para encargarle trabajos van a buscarlo hasta su taller, que está a un lado de su hogar en la ciudad de Tula, Tamaulipas.

Hace unos años fue invitado a Ciudad Victoria a un encuentro multicultural con empresarios japoneses, y la esposa del embajador del país nipón escogió para llevarse de recuerdo una de las artesanías que él llevaba: una bolsa repujada de baqueta.

En la tienda que tiene a la orilla de la carretera Victoria-San Luis Potosí, este artesano tamaulipeco tiene un gran muestrario de su ingenio y talento, con productos que van desde ceniceros forrados, bolsos, juegos de agua, guajes cubiertos y fundas de todo tipo, hasta una serie de monturas bellamente decoradas.

Conocedor de su oficio, Víctor comparte sus conocimientos para tratar los cueros que convierte en piel curtida, luego de muchas lavadas y enjuagues con cal y otros materiales con los que trabaja las distintas variedades de cuero de res, de chiva o de cabrito.

A diferencia de la mayoría de los artesanos de la región, Víctor es muy joven y no le importa si le encargan un cinto, una cartera o una silla de montar; él empeña el mismo entusiasmo y usa toda su capacidad para hacerlo. Explica que desde que compra alguna piel, aunque no tenga pedidos por entregar, ya está imaginando en qué convertirá aquel material.

Su meta es llegar a elaborar una verdadera cuera tulteca, un objetivo nada sencillo pero plausible para alguien de su decisión y su talento. Para él, Tula es una referencia importante en todo Tamaulipas para la elaboración de este tipo de artesanía.

Lo que anhela Víctor es seguir su aprendizaje, práctica y experimentación con las técnicas más depuradas en el manejo de la piel. Y cierra a modo de broma: “Aquí en Tula, de verdad, hay puras chuchas cuereras.”

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