Lorenzo Reyna Castillo

Lorenzo Reyna Castillo

Ixtle y fierro, materiales que se complementan

Don Lorenzo Reyna Castillo nació en 1936 en el ejido Felipe Ángeles, municipio de Bustamante. Siendo muy niño aprendió de sus padres el oficio de buscar y tallar la lechuguilla para obtener el ixtle. Con esta fibra y con sus manos, don Lorenzo crea cepillos, cuerdas, talladores y otros productos utilitarios, y además también sabe trabajar el metal.

Desde hace ya muchos años don Lorenzo se desenvuelve en ambos oficios, por un lado con la bra y por el otro con la forja y el manejo de los metales. Para uno y para otro oficio es autosuficiente, tanto que él mismo construyó su pequeña forja casera en el patio de su casa.
Sus conocimientos de herrería los obtuvo de diversos amigos y conocidos a lo largo de la vida, y se considera un empírico total, ya que a través de prueba y error es como se volvió con los años un experto en la herrería. Ha forjado los instrumentos necesarios para el tallado de la lechuguilla, y ha realizado enseres como cuchillos, hoces y azadones.

El taller de herrería de don Lorenzo es rústico y está lleno de invenciones obligadas por la necesidad. Como fuelle adaptó una bicicleta que al darle vuelta a los pedales inyecta aire a la forja para avivar el fuego y calentar el metal.

La experiencia de don Lorenzo no se limi- ta a darle forma a los hierros que utiliza en su trabajo diario; es también un experto recolector de lechuguilla, que después de ser tallada debe lavarse concienzudamente para despojarla por completo de una sustancia lechosa irritante y así evitar que lastime la piel de quien la teje.

Don Lorenzo recorre los montes aledaños en busca de los mejores tallos de lechuguilla, puesto que no cualquier hoja de la planta tiene uso; solo los tallos más largos y gruesos son elegi- dos para cortarlos, pues proporcionan las bras fuertes y útiles para tejer objetos grandes y be- llos. Por ejemplo, comenta don Lorenzo que para tejer un sombrero, una diadema o una hoja gran- de y bonita, se necesitan bras extensas.

Con una canasta sobre su espalda, a la cual se llama comúnmente “oaxaca”, don Lorenzo camina con pisada segura entre los cerros que ro- dean su comunidad. No le toma mucho tiempo encontrar lechuguillas que convenzan su ojo experto. Con gran cuidado usa en su mano derecha un palo largo de mezquite con una horquilla en el extremo inferior, con el que desprende tallo tras tallo que luego recoge y avienta suavemente en la “oaxaca”. En unos 15 minutos el recipiente está lleno y el artesano emprende el regreso a la pequeña parcela y a su vivienda, donde tiene todo listo para iniciar la talla de las plantas.

Sentado a horcadas sobre un tocón, extiende en sus piernas una tela de mezclilla, entre sus rodillas sostiene una losa lezna de acero a manera de cepillo, con pinchos irregulares, y es sobre ese objeto que extiende los tallos de lechuguilla y los arrastra, como si los estuviera peinando. La planta se desprende en numerosas bras y, como las demás del semidesierto, empieza a rezumar una gran cantidad de agua y espuma verde y blanca. Luego don Lorenzo va acumulando la bra extraída en un costal.

El trabajo es complicado, pero lo hace con velocidad. En aproximadamente media hora llena un costal de fibra que entonces pone a remojar para que suelte el máximo posible de residuos de pulpa. Sigue enjuagarla varias veces hasta que toma el conocido tono blanco con el que se puede encontrar a la venta.

Cada artesano le da el color que quiere a la fibra. En la región de Bustamante se usa mucho la cáscara de granada, las cortezas de cedro y de nogal, así como la tuna y la cáscara de aguacate, aunque últimamente, se queja don Lorenzo, casi todos usan mejor anilina como colorante.

Con estas bras don Lorenzo crea un sinnúmero de artículos de uso diario y común, lo cual lo con firma como miembro de una tradición que, no obstante, cae poco a poco en el olvido.

“No hay más que trabajar en esta vida para ser una persona de bien y olvidarse de andar haciendo maldades”,afirma, y con sencillez continúa sus quehaceres y reafirma su compromiso hacia la comunidad de Felipe Ángeles, donde sus productos son apreciados y utilizados día con día.

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