Talabartería de faena, tradición de trabajo.

Talabartería de faena, tradición de trabajo.

Talabartería de faena, tradición de trabajo

La Talabartera Regional del Norte es un taller donde el trabajo se completa cada día gracias a las manos de tres generaciones. Está justo en el centro de Ciudad Victoria y es dirigida por su fundador, don Gerardo Rivera Reyna, su hijo, Gerardo Rivera Fernández, y su nieto, Gerardo Rivera Castillo.

En este negocio de enorme tradición e importancia regional se encuentran concentrados más de 70 años de tradición talabartera, durante los que han hecho piezas de trabajo, de vestir y de ornamento. Desde sillas de montar, fundas para machete o navaja, botas y otros cientos de objetos, esta familia se ha convertido en tradición artesanal pura.

El más joven de sus miembros, Andrés, comenta cómo desde que era niño rondaba las mesas de trabajo donde su abuelo y su padre cortaban las pieles y cosían y remendaban un sinnúmero de objetos. Así aprendió a escoger las mejores pieles, a elegir la baqueta más resistente, los productos ideales para el tratamiento de los cueros y todo lo que encierra el noble oficio de la talabartería.

Andrés creció entre navajas, escuadras, baquetas y sillas de montar. Esta es una tienda vaquera, dice, y es imposible negarlo: la mayoría de los artículos están relacionados con la vida del campo. Ellos crean y fabrican cualquier material u objeto que un vaquero necesita, desde una silla de montar hasta las botas de caña alta para andar a caballo en el monte, pasando por las chaparreras, guantes y riendas. Cada cliente puede pedir que los productos sean hechos a su gusto y medida.

Apasionados por su trabajo, estos tamaulipecos llevan hasta la artesanía la fabricación de enseres comunes y familiares. La tradición es en su caso una forma de conocimiento que ha pasado de generación en generación, y ahora ha tomado formas y corrientes modernas, como el hecho de tener presencia en Internet con grabaciones digitales de fórmulas y procedimientos.

El trabajo artesanal empieza desde que se escoge la piel con la que se va a trabajar, pues cada artículo necesita de una distinta. Las pieles más gruesas, por ejemplo la baqueta, se usan para las partes que requieren una mayor protección, como son las chaparreras. “Algunos clientes piden, digamos, cierto grosor para usar en la silla de montar, o en las botas, y la labor del maestro talabartero consiste en adecuar los materiales a los requerimientos de la faena.”

La variedad de las pieles es enorme, prosigue Andrés: “Es importante que la piel que se compra sea lo más grande posible, aunque eso, claro, implica que sea más cara, puesto que la piel se vende por decímetros cuadrados.”

Otro detalle es la variabilidad de los materiales, como en el caso de la gamuza o la carnaza, que se divide en muchas variedades, y parte del trabajo del talabartero es recomendar y aconsejar a sus clientes para que escojan y se lleven lo mejor.

Una pieza de las que ahí realizan, dice el maestro talabartero, puede durar muchos años, más que la vida de la persona que la compró, y pasar de una generación a otra.

Los maestros talabarteros Rivera son conscientes de su importancia en la tradición artesanal y social de Ciudad Victoria, por eso su esfuerzo se enfoca en ofrecer un trabajo de alta calidad. Para ellos su oficio no representa nada más a su familia, sino a su ciudad y a su motivo de vida.

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