Taller de piel
 Haeberli

Taller de piel
 Haeberli

Tradición familiar y alta costura 

Las hermanas Rodríguez Haeberli han logrado elevar a los niveles de alta costura algo que inició como una actividad artesanal: las prendas de piel y la cuera tamaulipeca.
Su artesanía, al contar con tanta dedicación, se ha convertido en un lujo que dignica la identidad del estado que ellas de enden y representan.

En la tienda que poseen en el Centro Cultural de Ciudad Victoria, Tamaulipas, exponen una selecta muestra de artículos, entre los que se encuentran, además de las bellas cueras, varias cha- marras de piel, pantalones, bufandas, carpetas, bolsos de mano y carteras, todos como muestra de la habilidad y el estilo que las caracteriza.

“Las prendas son de muy alta calidad por- que las hacemos como si las fuéramos a usar no- sotras”, comenta Anabelle Rodríguez Haeberli, mientras modela un no gabán color negro.
María Luisa cuenta que en la década de los 50, mediante un concurso de traje típico convocado por el entonces gobernador Norberto Treviño Zapata, fue que su abuela María Luisa
Martín, ayudada por su madre María Luisa Haeberli, lograron ofrecer el diseño más satisfactorio para representar la vestimenta oficial de la entidad.

La tradición consolidada por su madre, segunda generación en este oficio, fue llevada a una profesionalización diferente, puesto que ella estudió diseño de modas en Nueva York, de donde le viene el espíritu innovador por el que se ha reconocido a su taller, rasgo que ella y sus hijas aún detentan y exploran.

La máxima satisfacción de estas hermanas está en el trabajo mismo. Sienten un gran orgullo al preservar los conocimientos de su linaje, y los cuales forman un saber que ya transmiten a sus hijos, quienes sienten un gran compromiso y respeto hacia la memoria familiar y hacia un oficio que describen como excepcional.

Diana Regina Morales, parte de la cuarta generación del taller, explica que ella, sus primos y sus hermanos ya participan en los diseños y confección de prendas, e integran el conocimiento adquirido con sus estudios profesionales, en campos como el diseño gráfico, en su caso, o la arquitectura y la mercadotecnia, en el de otros miembros de la familia: “Todo está en el terreno de la creatividad, por eso podemos hacerlo.”

Su trabajo ha logrado ganar tal prestigio a lo largo del tiempo que fueron invitadas a participar en una exposición de artesanías de toda América en 1979, celebrada en República Domincana, donde en esas mismas fechas estaba de visita Juan Pablo II, a quien tuvieron “el milagro de conocer”, comenta María Luisa, y pudieron regalarle una cuera, la que aceptó con gratitud y humildad, y frente a la cual reconoció la habilidad de las manos que la fabricaron.

En este taller familiar en el que confluyen la artesanía y la alta costura, se mantiene con amor la tradición y se trabaja por un mejor futuro, con una actitud siempre fundada en el orgullo de preservar la esencia de un estilo que es simultáneamente familiar y tamaulipeco

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