Adela Gaytán Reyes

Adela Gaytán Reyes

Comales de barro, comunión con la tierra

En medio de una zona desértica, a unos cuantos kilómetros de Tula, en Santa Ana de Nahola, Adela Gaytán Reyes elabora comales de barro rojo. Sus creaciones son simples, aunque alcanzan una redondez precisa, moldeando con sus manos materiales que son de origen natural.

Ella misma recorre el monte para encontrar el lugar donde recolectar el barro. No es sencillo hallarlo, dice, hay que buscar bien, descubrir las vetas de tierra apropiada. Luego escarba y 22 carga las tinas con esa tierra que antes de ser cocida es amarilla. Sigue la búsqueda del polvo que llama “yeso natural”, elemento que rastrea en las orillas de arroyos y acequias de los alrededores, y que le sirve para amalgamar la masa con la que hará posteriormente los comales.

Desbarata el yeso en un molinillo manual hasta que se hace polvo, en un proceso que denomina “mortear”, y luego lo reserva en botes especiales. El barro se deja secar en costales al sol, pues no puede ser usado de inmediato; hay que dejarlo que esté muy seco antes de amasarlo.

El proceso de mezclado es sencillo: en una pequeña mesa bajo la enramada a la salida de su casa, Adela incorpora trozos de barro seco con yeso y agua, lo amasa con movimientos fuertes y circulares, y luego lo golpea repetidamente, para darle forma redonda. Lo aplasta, lo dobla sobre sí mismo y vuelve a formar una bola que empieza a tomar la textura de una masa compacta. A la bola terminada la nombra “torta”, que en ese momento ya está lista para formar el comal.

La “torta” es puesta en una tela en el piso, y en un par de minutos, sin más ayuda que la de sus manos, aplasta el barro y le da forma circular. Levanta un borde muy pequeño alrededor del comal y lo alisa con un olote, para después esperar a que se seque antes de ponerlo a cocer en un pozo poco profundo donde se tiende una cama de lumbre. Ahí se colocan los comales para luego cubrirlos con una capa ligera de ceniza, y después se tapan con leña de guapilla –un tipo de madera nudosa que arde muy lentamente, característica necesaria para que la lumbre no arrebate el barro, y así los comales queden uniformemente cocinados.

Para finalizar la cocción, las piezas de barro deben ser cubiertas con más leña y dejarlas cocer un par de horas, al término de las cuales los comales están listos y ya han tomado su color rojo, así como una dureza propia para su uso en la lumbre o en la estufa. Si se utilizan con los cuidados adecuados, estos enseres pueden durar años sin sufrir daño alguno.

Esta técnica empírica requiere ser exacta. Doña Adela explica que la cocción es la parte más delicada del proceso, puesto que cualquier error en el cálculo del calor necesario ocasionaría que el barro termine por ser débil, quebradizo o quedar manchado de blanco, por lo que no sería bien recibido en el mercado.

Cuando la leña de arriba se apaga, dice Adela, hay que apurarse a sacar los trastos para que se enfríen; luego se limpian y sin ningún tratamiento posterior quedan listos para ser usados.
Su tradición artesanal se pierde en su memoria. Adela no recuerda con claridad cuándo aprendió a hacer comales. Desde niña observaba a su abuela y a su madre haciendo el mismo trabajo día tras día. Lo aprendió como parte de su vida cotidiana, así como muchas otras actividades mediante las cuales su familia lograba procurarse de lo necesario para bien vivir.
Adela sabe que su actividad es parte de una herencia que debe preservarse, por eso lleva a cabo su actividad con atención y compromiso, para que ese trabajo realizado desde tiempos inmemoriales se siga practicando con orgullo.

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