Tula, “Campo Blanco”

Tula, “Campo Blanco”

Una historia de éxito donde se generan empleos y sueños

En el altiplano tamaulipeco, en medio de parajes del semidesierto, entre 500 y mil personas dependiendo de la temporada producen hasta un millón de cajas al año de pepino, tomate y pimiento morrón, en una región que se creía destinada a la marginación y en donde hoy se asienta una sólida empresa: Campo Blanco S.A. de C.V.

Esto sucede en Tula, un municipio donde la mayor parte de la economía depende de las remesas enviadas por los migrantes, y donde ahora se levanta orgullosamente esta empresa agrícola, ofreciendo oportunidades de empleo.

Tanto en el invernadero como al aire libre, la tierra seca se volvió fértil, con el cuidado de la mano de los habitantes de los ejidos cercanos, y bajo la visión de Antonio Ruan Navarro, fundador y director general de la empresa, que hoy dirige junto con su hijo Antonio Ruan Jiménez, y quien ocupa el cargo de subdirector.

En Campo Blanco se han desarrollado los cultivos en una superficie de 300 hectáreas, 84 bajo malla sombra y 216 a campo abierto, con un rendimiento de 20 a 25 kilogramos por metro lineal, y cuya producción se destina principalmente a compradores de la Central de Abastos de la Ciudad de México, aunque una parte se va al mercado en Estados Unidos debido a la buena calidad de los cultivos, que buscan aumentar en el futuro cercano.

En este lugar se cuenta con alrededor de 500 personas trabajando en temporada regular, pero en temporada alta llegan a contratar hasta mil personas, que trabajan tanto en la pizca o cosecha, y en la empacadora de donde la producción va directamente a los tráileres de carga, que transportan el producto bajo las medidas de higiene adecuadas y con temperatura refrigerada.

El director de la empresa cuenta que lograr estos resultados no ha sido nada fácil: “Para mí no es esfuerzo, es un gusto y un reto muy grande contribuir en la producción y en la alimentación del país. Tenemos la gran fortaleza del clima de aquí que es muy benévolo para las hortalizas que producimos”.

Antonio Ruan padre dice estar convencido que los retos pueden superarse con trabajo y pasión, porque es la única manera que él conoce para llegar a concretar los proyectos que se propone.

Considera que pocos inversionistas toman en cuenta esta zona semidesértica, donde casi acaba Tamaulipas y empieza el Estado de San Luis Potosí, aunque cerca del sitio se puede ver una gran plantación de olivos españoles, y otra enorme superficie sembrada con maíz. “Muy pocos voltean hacia acá, aunque algunos empiezan a voltear por lo que se ha generado en los últimos años, con las nuevas tecnologías de la producción en cultivos protegidos de invernaderos ya se empieza a atraer a los inversionistas por la calidad y la producción en la zona, tenemos un muy buen clima y mucho potencial de producción”.

A su vez, Antonio Ruan Jiménez, subdirector de la empresa, dice: “Nosotros producimos  alrededor de un millón de cajas, combinando los productos de tomates saladet, tomate bola, chile pimiento verde y pepino americano”.

En Campo Blanco se produce de mayo a diciembre separado en tres etapas, primero de mayo a julio, luego de agosto a octubre y finalmente de noviembre a diciembre.

Los trabajadores proceden de ejidos de la misma zona de Tula, Tamaulipas, pero incluso llegan a contratar personas de otros Estados del país, como Veracruz, Yucatán y Jalisco para completar el recurso humano necesario, la pizca, empacado y entrega.

“El objetivo de Campo Blanco S.A. de C.V. siempre ha sido crecer y mejorar nuestros estándares de calidad siempre ofreciendo un producto inocuo, fuera de cualquier problema de sanidad, y buscar siempre mejores mercados y expandir nuestra presencia en el mercado nacional e internacional”.

Y Campo Blanco tiene todo el potencial para cosechar éxitos, se nota cuando uno transita por los caminos entre las hortalizas, y que es tan extenso el lugar, que adentro es más fácil transportarse en vehículo; sin embargo, Antonio Ruan hijo, señala: “Me gusta tanto que a veces me salgo a caminar y me traslado de un punto a otro, aunque esté lejos y aunque haga mucho sol, me gusta salirme de la oficina y platicar con los trabajadores”.

Y bajo este panorama, los empleados agradecen la oportunidad de tener un ingreso seguro para sus familias, como la señora Genoveva Ibarra Olvera, quien tiene 12 años trabajando en la empresa, oriunda del ejido Emilio Vázquez Gómez. “Aquí he sacado adelante a mis hijos gracias a Dios, ahorita tengo dos hijos  que viven en Monterrey y dos más chicos que viven en la casa de aquí, pero con mi empleo he podido sacar adelante a mis hijos, y aunque me canse la verdad es que me gusta el trabajo, por ejemplo ahorita andamos deshierbando. Yo a la gente le digo que no se debe de arrepentir de venir en hacer su trabajo, elaborándolo bien y pues así tiene uno derecho a pedir su salario”.

Y ese gusto de tener una fuente de empleo permanente se refleja en los rostros de los trabajadores; mientras unos preparan la tierra, otros fumigan, otros “plantan” tubos para seguir tendiendo la malla sombra. Mientras, decenas de trabajadores y trabajadoras laboran  minuciosamente en las áreas de empacado,  donde se revisa la calidad final del producto.

Un proyecto como Campo Blanco S.A. de C.V. pone la muestra de los exitosos proyectos que pueden emprenderse en Tamaulipas,  detonando el empleo y la economía regional y estatal, todo con empresarios como Antonio Ruan e hijo, que confiaron en el trabajo y que ahora, literalmente, cosechan su éxito.

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