Historia del Carnaval

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Por: Lic. Marco A. Flores Torres, cronista vitalicio de Tampico

A las ocho de la noche del día 15 de febrero de 1835, los personajes más importantes de la ciudad se apresuraban a llegar al primer baile de carnaval que se organizaban por la Lonja Mercantil. Llegando con sus vistosas máscaras al primer teatro con el que contaba el puerto de Tampico; el precio de la entrada sería de dos pesos, o de diez para los tres bailes. Al llegar se podía observar un letrero que decía: “Deberán ser reconocidas las máscaras en un aposento particular, las armas son prohibidas en el baile; así nadie entrará con ellas. Cualquier persona que altere el buen orden saldrá del salón, quedando después responsable de las resultas. No se omitirá nada de lo que pueda ofrecer comodidad y gusto. Se hallarán bebidas y manjares superiores a precios moderados”.

Al entrar al teatro se podía observar que el foro había sido ampliado con un tablado especial para el baile, el salón tenía una bella iluminación y los acordes de la música del batallón se dejaban escuchar por todo el teatro. Los organizadores de este baile fueron D. Antonio Pérez Bonilla, Pintos y Rovira.

Antes de terminar el evento, se anunció que en el martes de carnaval habría otro baile, y que el domingo sería el de piñata; una especie de carnaval para niños.

Al siguiente año, los bailes fueron auspiciados por D. José Carrera en los salones de la Lonja Mercantil, y se programaron cuatro para los días sábados. Estos se realizaban de la misma manera y éxito que el del año anterior. Para 1880, los bailes de carnaval de la clase acomodada se seguían celebrando en la Lonja Mercantil, mientras que la clase obrera (artesanos, mozos de cordel y criados), rentaban el teatro de la ciudad para realizar un baile el domingo de carnaval, donde campeaba el buen orden y decencia. Además del baile del teatro, se dio el conocido rebumbio; bailes populares en los que el pueblo se divertía alegremente aunque en ocasiones se suscitaban escándalos y la policía debía intervenir, pero solo en raras ocasiones.

En esa misma época se acostumbraba realizar una tradición muy interesante y poco conocida sobre el carnaval; consistía en que algunas estudiantinas, a la usanza española, recorrían las calles de la ciudad cantando y colectando fondos en una cesta con su alegres notas, pero siempre acompañados de un sujeto disfrazado de diablo que con una vejiga de cerdo llena de agua, espantaba a los mozuelos que con alegres griteríos los acompañaban. Esto sucedía generalmente durante las noches de carnaval por lo que usaban antorchas de ocote u otros medios de iluminación.

Esto no cambió sino hasta que en 1925, se celebró el primer desfile de carnaval con las características modernas. Con la introducción de los vehículos de motor surgieron los carros alegóricos, las comparsas, las reinas y sus cómputos de elección, y por supuesto, el rey feo, el entierro del mal humor y otras tradiciones. Estos carnavales solo interrumpidos por eventos o tragedias de la naturaleza, se desarrollaron hasta los años setenta, época en que Raúl Velasco los transmitía en televisión a nivel nacional. Sin embargo, debido a problemas de seguridad y de alteración al orden, estos se suspendieron. Fue entonces que se sustituyeron por las fiestas de abril, y se reaundaron hasta los noventa. Desde hace varios años se realiza alrededor de la laguna del Carpintero donde indudablemente es un éxito.

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