Día de los muertos en Tampico

AYH-1

Cada 31 de octubre de los años 20’s, se atiborraba el muelle  de la Compañía Corona, Oíl, donde la colonia Americana y algunos empleados mexicanos abordaban el chalán  conocido como “El Coney Island”; un elegante salón de baile y restaurante que enfilaba por el río Pánuco y entraba en la boca del Tamesí hasta un punto cercano a Tancol en una isleta denominada “Club Yaqui”. Ahí, se celebraba  un día de campo para conmemorar al estilo  sajón el día de Halloween, mismo que se festejaba de noche con un baile en el Country-Club. Esto, era una situación que contrastaba con la festividad el día de Muertos de los Tampiqueños, de la que  nos platica  Antonia Alanís en su historia: “En el Tampico aquel”:

“Todo el Pueblo se prepara con días de anticipación  para esperar el Día de Muertos. Las calles se llenaban de gente nueva, se veían muchas caras extrañas  de vecinos de Pueblo Viejo, de Ozuluama, de Tampico Alto, Altamira y de otras partes, -de San Luis ni que decir-, todos los viajes eran por ferrocarril porque entonces no había carreteras”.

Los botes que traían la mercancía al puerto, llegaban cargados  de caña,  limas y de limones dulces que cortaban con todo y rama para poderlos colgar en los altares, y de la  Huasteca, llegaban enormes  canastos llenos de pan  exquisito de huevo, de pemoles, de chabacanes y de finos.

Chalán conocido como “El Coney Island”

Chalán conocido como “El Coney Island”

En la actualidad nadie oye hablar de chabacanes: se hacían con masa seca y piloncillo, y en el metate se extendían con la mano y se cortaban en cuadros. Los finos se hacían también con masa y azúcar, sin manteca, y se ponían en conchas de mar en el horno. Salían bien tostados y muy ricos, o bien, mandaban a casa de las señoritas  Gil a comprar dulce de cuahuayote, piña, dulce de melón-papaya, o simplemente dulce de camote.

En todos los hogares, pobres o ricos, se ponía el altar. Se armaba con las cañas alrededor del cuadro de un santo, -devoción de la familia-, se adornaban con papel de china y ahí se colocaban los candeleros donde arderían las velas, algunas personas  hacían los candeleros de barro. Y un día antes, comenzaban a colocar el atole duro que hacían de ciruelas verdes de la región y que guardaban desde el mes en que se cosechaban, en junio o julio. Todas cocían las ciruelas verdes y las ponían a secar al sol, con eso hacían su atole  para el día de muertos, los llenaban también de limas, de limón dulce, de naranjas, empanadas, de conservas de camote, de calabaza o de icacos, esa fruta de la playa de tan rico sabor en dulce.

Ya el mero día, se ponían los tamales y aquellos tazones de chocolate, de ese chocolate que se molía en casa,  y como decían:

“Hacía tanta espuma y sabia a gloria combinado con pan”

El día de muertos, la gente se  levantaba antes de las 6 de la mañana, pues a las 6 ya tenían que estar las velas prendidas, aquellas velas de pura cera que las había desde 30 centavos.

1 y 2 de noviembre días que por tradición se celebran

1 y 2 de noviembre días que por tradición se celebran

Se dio  un caso, contaban que una mujer le dijo a su esposo: ‘dame para comprar una velita para tu papá que tan pocos días tiene de muerto’, y el hombre respondió: ‘Mira, ahí tenemos chapapote, coge un poco, le pones una mecha y eso basta’.  El hombre se fue a su milpa y al poco rato de estar ahí, oyó una música divina  y vio que iban pasando  las ánimas con el chapapote y mandó a su mujer a comprarle la vela.

Tampico nunca fue pródigo en jardines, así que flores naturales no había, y por eso que los ricos llevaban bellísimas coronas de rosas de porcelana  y las carísimas de cuentas negras llamadas abalorios que parecían cuentas de azabache. Entre los pobres, sus coronas eran de flores de papel, esas coronas las ponían en las tumbas y las familias se quedaban hasta las 12 del día. De ahí se iban a comer a casa. Se respetaba tanto el lugar de los muertos porque solo la iglesia y los cementerios son lugares consagrados. Desde luego no había vendedores fuera del cementerio y mucho menos dentro, por supuesto que dejaban las coronas en las tumbas, pues, ¿quién se hubiera atrevido a robarse una?, volvían a las dos o tres de la tarde y se quedaban hasta las 5:30 p.m., embalaban las coronas en sus cajas hasta el año entrante, en sus casas volvían a encender las velas y a dormir, no sin antes haber leído las calaveras que hacían en la imprenta, pues eran unas dos hojas de papel con unos versos chuscos que les hacían a las señoritas de la sociedad, los hombres de la política y a los comerciantes conocidos”.

La costumbre de conmemorar el “Día de muertos” continua por generaciones en Tampico

La costumbre de conmemorar el “Día de muertos” continua por generaciones en Tampico

En la actualidad, los cementerios son muy visitados. El primero y dos de noviembre se lleva flores y alimentos, las familias aprovechan para lavar y limpiar las  tumbas, cambiar el agua de los floreros con ayuda de los aguadores que ahí ofrecen sus servicios. Los dolientes permanecen ahí por algunas horas. Se da la vendimia de flores y de golosinas. También asisten músicos  que ofrecen su servicio para  algún deudo que  le gustaba la música, ya sea de guapango, mariachi o boleros. El arraigo de ésta tradición popular sigue siendo muy fuerte en la zona sur de Tamaulipas.

Author

Related